Persiguiendo a los alces

AK o Saleta

Un día de Abril, despejado y luminoso, comenzamos la aventura con unos ocho grados bajo cero y con muchas ganas de saber lo que nos esperaba en este Safari de alces en el Parque natural de Svansele. Unos 40 minutos después de salir de Skellefteå llegamos a nuestro destino. Allí estaba Thorbjörn, esperándonos con una gran sonrisa y buen humor a raudales.

Cuando nos invitó a pasar a la cabaña donde nos prepararíamos para nuestro viaje, empecé a darme cuenta de que la maleta que había arreglado para no pasar frío, no me iba a hacer falta en ningún momento. En Svansele todo está pensado para que la aventura sea perfecta.

 “En este safari podrán pasar muchas cosas, pero nunca frío” - dijo Thorbjörn.

 Miré a mi alrededor y me di cuenta que tenía razón, daba igual lo que bajara la temperatura, porque estaríamos preparados para ello. Primero pantalón y camiseta térmica. Segundo un chándal muy calentito, pantalón y sudadera. Tercero pantalón de nieve y cuarto y por fin último, funda de nieve completa, botas y casco. Por supuesto guantes, calcetines y pasamontañas. Todo esto se encuentra en todas las tallas posibles y muy bien ordenado.  

Una vez listos salimos a por las motos de nieve. Nunca había conducido una y la verdad es que por un segundo pensé que igual era mejor ir de copiloto. Fue un acierto no hacer caso a mi primera impresión, al cabo de un rato estaba conduciendo por entre los árboles envuelta por un paisaje increíble y disfrutando de la naturaleza en su estado puro.

Nuestra primera parada fue en el río helado. En un refugio de madera en la orilla, Thorbjörn, por todos conocido como el hombre de los alces, nos contó alguna de sus hazañas mientras encendía un fuego para preparar café y un tentempié (fika) para todos. Nuestro anfitrión nos aseguraba que con él veríamos alces. Desde muy pequeño conoce bien el bosque en Svansele, a los animales que lo habitan y su comportamiento. Desde el minuto uno me contagió su respeto y admiración por la naturaleza.

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Antes de empezar con la “caza del alce” me di unas vueltas con la moto de nieve a toda velocidad sobre el río helado ¡¡Que gozada!! Fue una buena manera de inaugurar nuestro recorrido por el bosque. Mirando bien atentos, parándonos de vez en cuando para ver las huellas de los animales, nuestro guía nos iba explicando cómo se comportan los alces, su alimentación y todo tipo de información interesante. De repente, Thorbjörn levanta la mano, paramos los motores y ahí estaban ¡Qué grandes!, entre los árboles sabiéndose observados, porque aunque los alces no tienen una buena vista, su olfato y oído son excelentes. Así transcurrió la tarde, entre naturaleza y alces. Los vimos desde una distancia razonable unas tres veces, parados y en movimiento. Los alces tienen una manera muy peculiar de andar, así como a trompicones, y también es muy divertido verlos correr por que levantan mucho las patas para ser más rápidos entre la nieve.

 Pero sin duda Thorbjörn  sabía cómo mejorar nuestro safari. Vimos una manada a lo lejos, de unos cuatro alces y una cría, y ahí empezó la lucha por verlos lo más cerca posible. Aceleramos para alcanzarlos, pero la manada empezó a correr velozmente entre los árboles. Throbjörn cambió de dirección, nosotros le seguíamos sin saber muy bien por qué, estaba contenta de haberlos visto de nuevo. Pero de repente, los teníamos a nuestro lado, el hombre de los alces los había engañado y en un segundo estábamos en un lago helado corriendo a la par de una manada de alces que vimos desaparecer entre los árboles majestuosamente. No me lo podía creer, menuda carrera y menudos bichos. Una aventura con todas sus letras.

Skogen 

 
-Saleta y Miguelwww.blogdesuecia.es